[Los tres ríos de Kiso]
Todo lo que éramos
lo dejamos frente a los tres ríos de Kiso.
La leve y frágil divisoria entre una mano tendida hacia el infinito,
lo que tú llamabas Puente Celestial,
y su mano opuesta,
arrastre de cargas y condiciones.
Tres ríos y dos destinos.
Aprendíamos
el noble arte de la elección
y sus afluentes.
Rompimos todos los viejos contratos
con trabajada ternura
y una impostada capacidad de desapego
terminó siendo la única salvación para el respeto,
el paño caliente que retira la suciedad de las cosas
que tienen su inicio en el amor.
¿Dónde irá el curso de este pensamiento?
¿Qué caudal será ahogo o reflote?
Tú decías todo cuanto sabías sobre geografía sin mirarme a los ojos.
Lo habías hecho siempre frente a los ríos.
Reías nerviosa tu caudalosa ansia de mundo
como si todo, además de inevitable,
tuviera en tus brazos
la voluntad de mecerse.
En ese balanceo hacia el sueño
el día funde a negro.
Pero antes el monte se hace rosa
y algo frena el tiempo
y nos atrapa.
***
[Setsuko Hara]
Hay que aprender a vivir de otra manera, nos decíamos,
seguir el ejemplo de Setsuko Hara,
desaparecer ante los ojos de la fama,
no envejecer,
no dejar rastro sobre la arena,
no dejar sombra en las palabras,
contemplar el mar desde un lugar incierto,
acaso ignorado por nosotros mismos,
y honrar la memoria de Yasuhiro Ozu
con flores y rezos.
Hay que dejar de ser nosotros por un tiempo
para aprender del goteo su quietud,
para aprender del ser humano su penumbra,
la falta de luz,
la virtud de lo innombrable,
lo que tiene de pena la alegría
bajo la sombra del sauce.
Pero sobre todo, hay que dejar de ser los otros para siempre,
seguir el curso inverso del aprendizaje común,
desoír a los que no nos dejan ser lo que queremos,
a los que oprimen el kimono y asfixian voluntades,
a los que no nos dejan desear el vacío, el silencio, la nada,
a los que pretenden ser más hermosos que el monte Fuji,
es decir, a los que tienen voluntad de imposible
y en lo pequeño y posible no hallan recompensa, ni sosiego.
Hay que aprender a vivir de otra manera,
seguir el ejemplo de Setsuko Hara
contemplar nuestra desaparición por un tiempo.
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Ventura Camacho Rodríguez . Barcelona (1975).
Publica poemas en diversas revistas digitales y aparece en los fanzines La Bella Varsovia (Córdoba) y El Elefante Rosa (Granada).
Premio Federico García Lorca 2006 de Poesía de la Universidad de Granada con la obra De Nagasaki a Novosibirsk.
Funda la revista digital www.ciudadpoetica.com y la Asociación Cultural homónima, para la difusión de la poesía granadina y el fomento de la lectura. Coordina el Ciclo de Lecturas Radiográficas que pretende ofrecer una muestra de diferentes tendencias en la poesía escrita en Granada.
Publica Alas de Insecto (Alea Blanca, 2006), libro de poemas que reflexiona sobre la vida en un centro residencial de menores, fruto de sus experiencias vividas como educador, y la plaquette “Pedagogía del Adiós”, con la Asociación Cultural El Diente de Oro dentro del Ciclo “Vitolas del Anaïs” coordinado por Marta Badia.
Aparece en la antología publicada con motivo del Encuentro Poético Intergeneracional Alea Blanca 2008.
Participa en el Festival Internacional de Poesía de Granada 2008 dentro del Ciclo “Ultimísima poesía granadina” y en Barcelona, junto a Verónica Vinck, en el Proyecto “Ventanas”, coordinado por Agustín Calvo Galán.
Es uno de los 13 poetas que participan en la antología de DVD Ediciones “Monstruos en su Laberinto” (13 poetas barceloneses que escriben en castellano) coordinado por Juan Manuel Macías.
En 2010 publica “Los tres ríos de Kiso” (Alea Blanca) con ilustraciones de Stella Rubio.