“Y de cómo se rompe la verosimilitud”, texto inédito de Ruth Llana


–con un asterisco, a veces-

La sirena bailaba en el poso del mar; las algas se enredaban en su pálido cuerpo, húmedo; era un sueño. Un ser entre lo femenino y la masculino, más allá de cualquier etiqueta de género. Yo estaba enamorada de ella. Y mi yo tampoco era consciente del agravio que suponía la sentencia de ese “yo”, calcada en aquella materia.

Una melodía se escurría entre las superficies, haciendo de aquella escena una imagen orgiástica, en la que poder recrearse con el movimiento rítmico, atemporal, de la sirena.

Aquí se oía el despegue de las pequeñas voces que profería aquel cuerpo mudo.

Mirar era recordar cualquier instante, y todos los instantes confluían en su cuerpo, en la dimensión de todos los espacios que ocupaba. Era allí abajo, con aquella luz entre verdosa y amarilla proveniente de un lugar ignoto, donde pensé que mientras me proyectara en el reflejo de mí en sus ojos, ambas perteneceríamos al mismo espacio; y eso estaba, de nuevo y como ella, más allá de toda significación.

La miré; la seguí mirando. Ella hacía como si bailara. Seguía el camino de su pelo oscuro, ni muy largo ni muy corto, ondear entre sus curvas, que jamás conocería. “No me toques, no me toques; vuelve mañana”.

A ratos sentía que me acercaba tanto que casi podía sentir su aliento bajo el agua; casi, podía sentirlo; aquella ficción; ojalá durara. Pensé. Seguía tan equidistante como desde el principio borroso. Y el concepto ilusorio de “mía” parecía haberse hecho dueño de aquel universo. Parecía haberse comprendido, del todo, en el Absoluto.

Mirar sus ojos de cerca. El azul de las olas encerrado para siempre en aquella iridiscencia. Sus labios abriéndose, provocando ecos en las partículas acuáticas, ecos de su risa, de una voz, multiplicada, desvaneciendo miles de palabras entre sí.

Miré al cielo inexistente un instante.

*

La oscuridad y el aire cargado. La luz del amanecer despertándome, en pequeños atisbos de luz, entre las rendijas de las persianas. Las sábanas arrugadas.

Sin querer, vi allí a la sirena; parecía que el colchón estuviera hecho de agua y que, ella, me esperara, aquí, donde estaba aquel Océano. Me llamaba; continuaba llamándome. “Here I am, here I am, waiting to hold you.” Yo también la esperaba, y me pensaba dueña de esa frase.

Sin embargo.

Estaba embargada a ser esclava de las significaciones; de los círculos de materia que marcaban todas mis huellas, incluso antes de crearlas.

El concepto de “mía” perdió relevancia en aquel lugar, junto con toda aquella ilusión, tan real, cuando anticipé mi renuncia despertándome, desde dentro de mí misma.

Lo que quedó después fueron los sonidos y la reiteración de las imágenes, de su enmudecimiento. La sirena se repetía, sin escamas y aterciopelada esta vez, ya allí, distante, aunque sin voz. Era otro animal, a veces una persona, igual de inalcanzable que si hubiera alcanzado una tiza, intuyéndome en mi precariedad, y hubiera hecho un círculo consigo misma, con la tiza, con su cuerpo escamado, a fin de, entonces, protegerse de alguien con quien no podría compartir nunca su naturaleza si no era aquí, al otro lado de un asterisco, desconocido para ella.

Ruth Llana nace en 1990 en Asturias. Habita, por tanto, las ciudades grises, buscando los colores en la literatura desde antes de haber aprendido a leer.

Publicó hace cinco años un par de relatos incluidos en dos antologías breves de cuentos, al haber recibido una mención de honor en el primer concurso y haber quedado como accésit en el segundo, publicando por esas misma fechas también algún relato en la revista del que era por entonces su centro de estudios.

Desde hace un año y días incontables, lanza impresiones ya de otro tipo de colores en su blog Vértigo a nivel del mar mientras estudia Filología Hispánica en la misma ciudad gris en la que nació y proyecta un cambio de rumbo que desencadene diferentes gamas cromáticas.

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~ por pajarosapuntodevolar en marzo 3, 2010.

5 comentarios to ““Y de cómo se rompe la verosimilitud”, texto inédito de Ruth Llana”

  1. Delicioso texto. Gracias a la pequeña Ruth,

  2. 🙂

  3. Un texto cincelado, que me acuna. Solo Ruth puede concebir un asterisco como el umbral entre las piernas y la cola con escamas. De Ruth siempre querré más, porque no cesa de asombrarme. Y me hace bien.

  4. Me ha encantado encontrarte,

    y no sólo como amiga,

    para porder descubrirte.

    Un abracín 🙂

  5. Sois todos muy amables.
    Os abrazo.

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